Como Juana de Arco, castigada
por invocar a Dios, igual obstinación
la que persiste, atada con sí misma,
aún en el fuego. No es piedad,
o tal vez es piedad, y tan monstruosa
que a la piadosa la convierte en víctima.
El castigo se ejerce aquí, en la Tierra,
oculto tras la forma del amor.
De un librillo que estoy armando, a un ritmo demasiado lento.